Crisis bancaria en Suecia y España: lecciones para enfrentar futuras turbulencias
20 Enero 2015

Alejandro Bernales

 

En una crisis financiera, el enfoque de resolución puede afectar profundamente los futuros resultados económicos de un país. En esta nota comentaré las exitosas medidas tomadas por el gobierno sueco a su crisis en el sector bancario en 1990, junto al no tan exitoso enfoque dado por el gobierno español hace unos años, en una crisis similar. Revisar la historia puede ser útil para estar preparados y poder enfrentar mejor eventuales períodos de gran turbulencia económica. 

La Crisis Bancaria Sueca (1992- 1994) 
A principios de los noventa, el sistema bancario en Suecia se encontraba en un inexplorado y peligroso camino luego de las medidas regulatorias implementadas en el Mercado de Crédito Sueco, en 1985. Su mercado inmobiliario había experimentado  una masiva expansión causada por las bajas tasas de interés, poca supervisión y mayores facilidades en el otorgamiento de préstamos. Todo esto, combinado con una expansiva política macroeconómica, produjo un significativo aumento en los precios de los bienes raíces. 

 

Uno de los impactos de la desregulación fue el desarrollo de las cajas de ahorro, quienes expandieron su negocio a préstamos directos e hipotecarios en adición a sus actividades originales como el "leasing", "factoring" y las tarjetas de crédito. 

 

Años después, en 1992, estalló la crisis bancaria, la que fue resultado de un sector privado altamente endeudado e impactado simultáneamente con tres importantes eventos exógenos: un cambio en la política monetaria con un incremento en las tasas de interés antes de impuestos; una reforma tributaria y la crisis generada por el mecanismo que regulaba el tipo de cambio europeo. Se sumaba a todo esto, una masiva sobreinversión en propiedades comerciales y altas tasas de interés, lo que contribuyó a un boom en los precios inmobiliarios, desencadenando posteriormente una baja en los valores de las propiedades. Esto derivó en quiebras y en una masiva pérdida de créditos, primero en las cajas de ahorro y luego en los bancos comerciales.

 

El gobierno sueco rescató el sistema bancario mediante la emisión de una Garantía General de las Obligaciones Bancarias y se permitió a los bancos endeudarse con el Banco Central sin limitaciones, lo cual resolvió los problemas de liquidez inmediatos. Adicionalmente, se creó en forma inmediata una Agencia de Apoyo Bancario (BSA por sus siglas en inglés), para que condujera un análisis en profundidad de las carteras de crédito y perspectivas futuras de bancos individuales, y diera confianza a los mercados. 

 

El apoyo fue transparente, y dado en la forma de capital, garantías y préstamos. Adicionalmente, los activos nocivos fueron transferidos a un “banco malo” capitalizado por el estado. Como consecuencia de aumento en la confianza entre los agentes, múltiples bancos no necesitaron apoyo de capital público y, por lo tanto, un 98% del capital estatal fue dirigido sólo a dos entidades bancarias. 

 

Una característica central de la experiencia sueca fue la unidad política -desde todos los sectores- para resolver el problema bancario desde el inicio. La inversión total del estado fue de 71 billones de SEK, equivalente a un 4,3% del PIB; sin embargo, transformando los flujos de caja de la posterior privatización de activos del "banco malo" a valor presente en julio de 1997, la cuenta final para los ciudadanos suecos (en términos de sus impuestos pagados) fue de 35 billones de SEK, es decir,  2,1% del PIB de ese año. 

 

La Crisis Bancaria Española (Desde 2007)

La crisis internacional iniciada en el verano europeo de 2007 marcó el abrupto final del largo y alto ciclo de crecimiento para España, el cual comenzó alrededor de 1996. 

 

Una gran inmigración generó un crecimiento en la población extranjera sobre la población local, pasando de menos de un 2% en 1996 a más de un 12% en 2012. Esto fue acompañado de nuevos puestos de trabajo, donde se pasó de 13 millones de personas empleadas en 1996 a más de 20 millones en 2007. Este largo ciclo de crecimiento produjo una explosión en los precios reales de las viviendas y por lo tanto un boom inmobiliario. En 2006, durante el momento más alto del ciclo económico, España, por sí sola, terminaba la misma cantidad de nuevos hogares (597.632 unidades) que el resto de los países de la Unión Europea juntos, y contaba con tres veces más casas y departamentos nuevos que en 1996 (194.871). Los trabajadores de la construcción representaban alrededor de un 13% del empleo y esta actividad contribuía con cerca de un 10% de PIB. El crecimiento insostenible del valor real de los inmuebles, alimentó el deseo de muchos españoles de mediana edad a convertirse en 'ricos' de una manera  fácil, comprando dos o más propiedades con la esperanza de un crecimiento infinito en los precios de las mismas. 

 

La crisis en España - la que estuvo acompañada con el colapso de la burbuja inmobiliaria- generó enormes consecuencias en su economía, dejando al sector bancario con numerosas pérdidas debido a la deuda de los sectores corporativos y propietarios de viviendas durante el boom.

 

Sin embargo, es importante señalar que existen diferencias en los segmentos de los bancos comerciales (bancos) y los bancos de ahorro (cajas). Por un lado, el segmento de bancos comerciales incluyó dos grandes jugadores, BBVA y Santander, los cuales gracias a la diversificación internacional de sus actividades bancarias, estuvieron mucho mejor cubiertos sobre pérdidas de activos locales. Por el otro lado, las cajas de ahorro en España son instituciones de crédito y depósitos originalmente asociadas a una particular provincia española (o inclusive a un territorio más pequeño), las cuales posteriormente al proceso de liberación durante los 80, operaron similarmente a los bancos comerciales, otorgando una gran cantidad de créditos hipotecarios para financiar el 'sueño' de riqueza español. Luego del 2008, cuando la crisis comenzó, las cajas se vieron enormemente afectadas dado que sus garantías de créditos,  reflejadas  en la propiedades del sector inmobiliario, ya no tenían valor, lo que se tradujo en la quiebra de las cajas, afectando a todo el sistema bancario español. 

 

Las similitudes entre las crisis bancarias sueca y española son evidentes desde sus orígenes: desregulación, booms inmobiliarios y bancos de ahorro, entre otros. Los números también son similares en términos de la situación fiscal y el potencial apoyo a las contingencias surgidas en las crisis. La deuda pública en España el 2001 era de 68,5% del PIB y en 2009 era de un 53,8% del PIB (cuando la primera caja presentó problemas); mientras que la deuda pública sueca era de un 62,2% del PIB en 1992 (cuando el primer banco de ahorro presentó problemas en Suecia). La estimación de créditos morosos del banco de España fue de €175 billones, 16,3% del PIB (a fines del 2011); mientras que los créditos morosos suecos representan un 11% del PIB *[1].

 

Sin embargo, el proceso de resolución de la crisis española fue lento y con carencia de unidad política, lo cual generó una gran incertidumbre y  desconfianza entre los inversores. En este contexto, existió una diferencia persistente entre la solvencia reportada por las instituciones financieras de España y las percepciones de los inversores, las cuales afectó negativamente la percepción del sistema bancario total. Pese a esto, el gobierno español tomó medidas para disipar las incertidumbres. Por ejemplo, el 21 de mayo de 2012 (en forma tardía en comparación al caso de la crisis bancaria sueca), accedió a contratar dos compañías consultoras como evaluadores independientes, para medir el balance del sistema bancario español y así dar una señal de confianza que contribuyera a reducir la incertidumbre del mercado.

 

¿Qué debió aprender España de la gestión de crisis sueca? 

Primero, total entrega de información relacionada con la situación real del sector bancario, para restablecer la confianza de los inversionistas. Si bien existieron algunas buenas 'intenciones' de las autoridades españolas, los flujos de información no fueron organizados con una estructura formal, tal como Suecia lo hizo dos décadas atrás. 

 

Segundo, España se demoro en entregar un plan factible para recapitalizar el sector bancario. Por ejemplo, cuando España a mediados del 2012 inyecto los €100 billones para resolver los problemas fundamentales del sector bancario, no entrego simultáneamente un plan creíble de recapitalización bancaria, lo cual genero mayor incertidumbre en los mercados. Sin embargo, en el caso del plan de contingencia a la crisis sueca, una característica fundamental del plan resolución, fue una garantía clara y general a las obligaciones bancarias lo cual entrego tranquilidad y confianza (lo que finalmente provocó menores costos para el estado). 

 

Tercero, alcanzar un apoyo público y unidad política (una característica importante de la experiencia sueca). Fue evidente en las elecciones españolas del 2012, que el apoyo tanto público como político para las necesarias y profundas medidas fueron (y siguieron siendo) difíciles de obtener. 

 

Cuarto, un plan comprensible para enfrentar los activos nocivos. En la crisis de Suecia, los activos nocivos fueron transferidos a una institución de administración de activos especial (un “banco malo”) que tenía como objetivo el asegurar que las actividades económicas subyacentes corrieran de manera eficiente,  reestructurar dichos activos para maximizar el valor potencial de mercado y venderlos al mayor precio posible. 

 

¿Qué  podemos rescatar de la historia para resolución de futuras crisis? 

La respuesta parece obvia, pero es importante recordar la historia para hacernos entender las claves del éxito en la resolución de una crisis: credibilidad del plan de acción, información centralizada para disminuir la incertidumbre, unidad política y flexibilidad en la creación de unidades para la resolución de las contingencias, contención del riesgo moral y disminución de abusos. El enfoque resolutivo a una crisis (la cual no necesariamente tiene que ser bancaria) puede ser diferente al sueco o al español, pero debiese ser suficientemente creíble para reducir la alta incertidumbre entre los agentes en un ambiente de alta inestabilidad. Esto debe estar acompañado de una entrega de información formal y centralizada  para aminorar aun más las incertezas en el ambiente. 

 

Es también importante buscar que, apenas estalle una crisis, las estrategias partidistas para sacar beneficios de la coyuntura sean completamente eliminadas por las autoridades de los partidos, ya que la unidad política es clave. Finalmente se debe contemplar la creación, temporal o permanente, de una institución ad-hoc con profesionales especializados  para la resolución de potenciales crisis. No obstante, las eventuales medidas resolutivas debiesen ser desarrolladas en base a un compromiso entre limitar el impacto adverso a la economía real y contener el riesgo moral. Esto es para así evitar que individuos o instituciones puedan abusar del privilegio de acceder a dinero público, y también prevenir comportamientos imprudentes entre los distintos agentes económicos, evitando sembrar las semillas de una nueva situación de turbulencia.  

 

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*[1] La fuente de datos para los créditos morosos de España y Suecia son el Banco de España y Sandal (2004), respectivamente. Sandal, Knut (2004): “The Nordic banking crises in the early 1990s - resolution methods and fiscal costs”, in Thorvald G.Moe, Jon A. Solheim and Bent Vale (eds., The Norwegian Banking Crisis, Norges Banks Skriftserie / Occasional Papers No. 33, Chapter 3.


 

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